Romano Ponce Díaz. 2004 - 2008, todos los derechos reservados.

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Desde el primer instante en que su pie tocó el piso, la desagradable e insoportable sensación de la humedad siendo absorbida por su calcetín le hizo enfurecerse, no sólo por el hecho de que ahora el frío será mayor; ahora un extraño y constante sonido saldrá de sus pies mientras camina; piensa por un momento que en verdad hubiese sido mejor si no llevase calcetines. Lo mejor sería quitarse sus zapatos deportivos rotos y exprimir sus calcetines; pero si no lo hizo con su píe izquierdo, obviamente no lo hará con el derecho. De alguna u otra forma, es una sensación a la que no se acostumbra, ni se acostumbrará, pero tiene que tolerar, como las miles de cosas nuevas que de pronto han aparecido en su vida, miles de cosas nuevas que deambulan por las calles, estancadas en un absurdo momento de eternidad.

“Así que eso es la inmortalidad”
Capítulo 1

"la catedral zombie o por viajar durante tanto tiempo"

Desde el puente peatonal la lluvia le parece mucho más intensa, una cortina de inmensas fibras que rompe el silencio de las calles que desde hace días son laberintos y cañadas entre las montañas de desechos, automóviles y lo más importante, cadáveres. Parte de esas miles de cosas a las que uno no se puede acostumbrar. La luz de tono gris y blanco, el vapor levantándose desde el concreto, y la ensordecedora lluvia, le invitan a detenerse justo a la mitad del puente, en donde dos caminos se juntan; y en esa extraña intersección, la burla providencial le dice “no tienes opción”. En un momento en que se desvanece el miedo y la presión, su mente divaga pensando en las cosas que pueden pasar por la cabeza de un infectado, sus recuerdos, o que los hace quejarse de dolor; por que eso es lo único que puede escuchar de sus bocas, dolor y pequeños dejos de ira y desesperación. Ahí, bajo el puente, en el laberinto de aluminio y concreto, deambulan los nuevos inmortales, ciegos a la realidad, ansiosos de que sean más y más los que los acompañen en su eternidad. Pero para ser uno de ellos, es necesario morir, y a lo único que parecen dispuestos a hacer los nuevos habitantes de la ciudad, es a matar.

Durante el tiempo en que los ha observado se ha dado cuenta de los detalles que le han permitido seguir con vida y escapar de ellos; son parcialmente ciegos pero muy sensibles al ruido, absolutamente irritables y hostiles, cuya inteligencia se podría catalogar similar a la de un animal, pero como es obvio, siempre hay animales más listos que otros; carecen de cualquier tipo de organización, aunque de forma tacita parecen concientes de que su fuerza se encuentra en el volumen de su población.

Sin convivir, sin respirar, sin una vida, continúan habitando la ciudad, algunos la recorren con pasos lentos y dolorosos; otros simplemente se quedan en un mismo lugar, balanceándose, soltando pequeños sollozos y quejidos, sin acostumbrarse a su inmortalidad. Aislados del mundo que les rodea, aislados de si mismos, se pregunta si son como autistas inmortales, que han decidido que su mente ha de estar en un lugar mejor, o como parapléjicos eternos, atrapados en cuerpos decadentes, que únicamente les otorga, furia, desesperación y dolor. Justo como ella se ha sentido toda su vida. En verdad los compadece; no por el hecho de haber muerto, no por sus vidas y propósitos perdidos, los compadece por el hecho de que parecen estancados en una eterna inmortalidad.

----->Cont!!!! Sigo Calentando Motores!! <---
Corre el año 2001, las calles se desintoxican del sonido Dance y poco a poco la sociedad se va despertando a la realidad: el nuevo milenio no es tan futurista como las cajas de cereal con sus colorantes artificiales, brillantes de baja digestión nos hacían creer; Genaro tiene desde el inicio de los 90’s comiendo el mismo cereal, pero ahora no acompaña con rap el delicioso y abrasivo sabor de las hojuelas en su lengua, ahora, lo acompaña con:

Sabor a Venganza
Y ocho vitaminas de muerte.

La vida de un payaso nunca es fácil, considerando que los niños te odian, y los adultos encuentran tus chistes sosos y sin gracia; sin olvidar que eres parte de patologías en concreto. Y ahora, Genaro, espera sentado, observando como los ojos del payaso en la pared derraman lágrimas impresas en Offset en selección de color, “todo un toque de distinción” piensa el corpulento hombre, mal encarado, con una dermis sumamente perjudicada que hace que se disimule una profunda quemadura en la mejilla derecha. Lleva contando las veces en que la recepcionista junto a la puerta contesta el teléfono y dice “Canaclo, espere por favor” coloca la llamada en espera, cambia su mirada al monitor y sigue en su intensa partida de Solitario; nuevamente un teléfono sonando, “Canaclo, espere por favor” y Genaro deja que su voz desgarré el aire, “cuarenta y dos”.

La Canaclo, la poderosa Cámara Nacional de Clows, fundada en los infames años 50’s por la Hermandad Internacional de Camioneros. Siguiendo órdenes directas de Jimmy Hoffa, en un intento de monopolizar la industria del entretenimiento infantil – recordemos, eran los años cincuenta, los estándares de comedia eran, por lo menos, peculiares- además de utilizar los zapatos de los mismos, como una alternativa para el contrabando de productos diversos. Durante dos décadas, los payasos fueron los amos y señores del entretenimiento, acaparando la millonaria industria de los cumpleaños infantiles, impulsando la manufactura del maquillaje barato y las telas ridículas, obviamente controladas por la Canaclo.

Pero con la proliferación de la televisión por cable, el abaratamiento de la cerveza, y los condones desechables, los payasos se volvieron productos marginales, instalando carpas en pueblos polvorosos, y causando lastima; la Canaclo peligraba, las risas habían terminado. Ahora bien, las circunstancias, o mejor dicho sus actores, tienen una forma muy curiosa de manifestarse; una repentina noche, en una de las deplorables funciones en una remota carpa de circo, un incendio comenzó a consumir todo, desde los burros pintados como cebras, hasta las regordetas carnes de los asistentes, todo es demasiado rápido, el fuego transforma el que era el recinto de la risa en un monumento de dolor – ahora deben darse cuenta para donde va la historia, con tan brillante frase- los trozos de lona encendida cayendo por todos lados, y es entonces, cuando en un arranque de heroicidad que únicamente un payaso puede tener, el que entonces era conocido como “Mugrosín el Payasín”, tomó entre sus brazos a una pequeña niña, y mientras las lagrimas escurrían en su rostro, luchó por salir del holocausto, sufriendo en sus carnes la furia de las llamas; “no importa” dijo, al momento de poner a la niña a salvo.

Tal imagen quedó grabada en las retinas de un joven ilustrador que vio como Mugrosin el Payasin descendía de la colina con la niña en brazos, un payaso derramando lagrimas, un rostro con una sonrisa pintada, llevando en brazos a una niña huérfana y aterrada, a la que debería estar haciendo reír….”la humanidad, la humanidad” dijo el joven ilustrador, conforme reproducía la escena con firmes trazos.

Genaro, sabe perfectamente que esa noche, la Canaclo encontró la forma sobrevivir, de mantener su imperio, de extender sus redes; la poderosa Cámara Nacional de Clowns, controlaba el negocio de imágenes abundantes en las recepciones de los dentistas, cuadros de payasos llorando.

“Puede pasar” Dice la recepcionista con un tono déspota y rutinario, y es cuando Genaro y su muy pesada carga, arrastra los pies dentro de la oficina de H. Presidente de la Canaclo, Don Austreberto Góngora Iñarritu, o como Genaro lo conoció siempre: “Polvorín” dijo Genaro con su aguardentosa voz al delgado hombre de cabellos alborotados, ojos y nariz de gomita, que fumaba un enorme habano, “Mugrosin” respondió con resignación el presidente, la clase de resignación que nace del cliché “Era conciente de que vendrías, pero no pensé que tardarías tanto” una bocanada de humo y Polvorín observa la enorme pintura del payaso lloroso que ha decorado por tantos años su oficina.
“Hay cosas que tenía que arreglar” y Genaro deja caer al piso un costal que contiene la cabeza de los cuatro secretarios generales de la cámara. Polvorín no se molesta en mirar, sabe perfectamente lo que hay dentro.
“¿Así quieres que todo llegue a su fin?” suspira Polvorín, mirando detenidamente la brillante punta del habano
“No me haz dejado alternativa” y Mugrosín acaricia delicadamente la quemadura en su rostro “no me haz dejado alternativa”.
Un último intercambio de miradas entre los que fueron camaradas tantos años, compañeros, hermanos, Polvorín sabe que Mugrosín nunca entenderá que el incendio él que provocó hace tantos: “Era por el bien de los payasos”.

A Genaro no le importa, por fin ha conseguido su venganza.

Ya puede dejar de llorar, y volver a Sonreir

#cuentosalvapor

@Evielkhon



No lo podia evitar... joo
Hoy me he acordado de Ella...

No se a quien quiero engañar; siempre la recuerdo.

Pero hoy en especial, recordé una visita que le hize a principio de año, una de esos típicos viajes expontaneos que siempre me han metido en problemas; la clase de eventos que aún no aprendo ha controlar, pero no me importaba, por algo había elegido irla a visitar; al momento de verla, de inmediato noté que sonrío sinceramente al verme, me abrazó, como solo ella ha podido abrazarme.

Recorrimos un par de horas la ciudad, nos burlamos de las palomas, hablamos de estupideces y de alguna forma, como siempre, noté que invadía su espacio personal. Habían pasado un par de meses desde la última vez que nos vimos, aquella ocasíon en que ella me intentó besar; y ahora nuevamente reunidos, las cosas habían cambiado de una forma heterea, invisible, casi onirica, pero existente; ya no era como esa noche en que sujetamos nuestra mano y acariciabamos nuestras muñecas con el dedo indice, ya no era como ese abrazo apenado por no haberla dejado besarme.

Ahora, estabamos ahí, con una barrera invisible, separados por un cristal, hablando por una rendija, como el par de personas que siempre hemos sido, el par que se conoce de toda la vida; y yo era el que había construido esa barrera, el que la había arrojado fuera de mi espacio personal.

Compartir ensalada y molestar palomas; quejarnos de los manifestantes, y escucharla hablar de los hechos sucedidos en la Facultad; Anatomia, Pediatría y Geriatria, decenas de terminos medicos desconocidos para mí, pero ella sabe captar mi atención. Eventualmente decidimos pasar a su departamento, y matar el tiempo esperando a que se acercara la hora de la funcion para la cual ella había conseguido boletos.

Y ahi, recostados en su cama, en una serenidad y silencio que nada puede igualar, me mostraba libros y fotografias, antiguos recuerdos, y ni una sola fotografía de nosotros juntos... muchas veces lo planeamos, lo intentamos, pero ahora puedo decir, que nunca la tomamos.

Serenidad y Silencio; la recuerdo a ella, y no puedo olvidar ese día; la tranquilidad de pasar 6 horas viendo peliculas, sin ninguna necesidad de hablar, vimos su pelicula favorita; fui incapaz de criticar; recuerdo su mirada al reprenderme por mi frialdad con mi madre; recuerdo su delgado cuerpo, como esporadicamente sujetabamos nuestras manos,simplemente estar con ella.

Y ahora, ella ya no es parte de mi vida, o mejor dicho, yo, no soy parte de su vida.

Y la extraño.